
Cuando trabajamos como instaladores, hay algo que aprendemos muy pronto: una reparación urgente puede complicarse por una pieza que cuesta pocos euros.
Por eso, tener un buen stock de almacén no significa acumular material sin control. Significa contar con lo necesario para responder rápido, evitar desplazamientos y no dejar un trabajo a medias por falta de una referencia básica.
En nuestro caso, recomendamos mantener siempre disponible el material eléctrico de alta rotación y aquellos productos que usamos con frecuencia en reparaciones, mantenimientos e instalaciones. El objetivo es sencillo: poder salir a trabajar con margen y reponer antes de llegar a cero.
Un instalador eléctrico suele encontrarse con averías que exigen una respuesta rápida. Un enchufe que falla. Una protección que salta. Un tramo de cable que hay que sustituir. Una caja de derivación que necesitamos cambiar.
Si cada intervención obliga a pasar antes por el distribuidor, perdemos tiempo y reducimos el número de trabajos que podemos atender en una jornada.
Por eso, creemos que todo instalador eléctrico debería contar con un pequeño fondo de almacén formado por productos de uso frecuente.
Tener stock nos ayuda a:
Eso sí, tener stock no consiste en llenar estanterías. Conviene ajustar las cantidades al tipo de trabajo que hacemos y a nuestro consumo real.
No todos los instaladores necesitan las mismas referencias. Aun así, hay varios productos que suelen aparecer una y otra vez en trabajos de electricidad.
El cable es uno de los materiales que más se consume. Por eso, merece la pena mantener varios rollos de las secciones que usamos con más frecuencia.
Entre las referencias básicas, solemos recomendar:
Aquí conviene revisar el consumo real. Si trabajamos mucho en vivienda, unas secciones tendrán más salida. Si hacemos pequeños trabajos industriales o instalaciones específicas, necesitaremos ampliar el surtido.
La clave está en identificar qué rollos reponemos una y otra vez.
Las protecciones también deberían formar parte del stock habitual.
Tener a mano magnetotérmicos y diferenciales de las marcas con las que solemos trabajar nos permite resolver sustituciones sin perder tiempo buscando una referencia básica.
No hace falta almacenar todas las opciones del mercado. Es mejor centrarnos en los modelos y calibres que usamos con frecuencia.
Podemos revisar el historial de trabajos y detectar qué referencias salen más. Ese dato nos da una guía bastante útil para ajustar cantidades.
Hay materiales pequeños que ocupan poco espacio y nos pueden ahorrar muchos problemas.
En el almacén conviene contar con:
Son productos baratos, fáciles de almacenar y muy comunes en instalaciones y reparaciones.
Quedarnos sin ellos suele tener poco sentido.
También hay consumibles que deberíamos revisar con frecuencia.
Entre los más habituales encontramos:
En nuestro caso, prestamos mucha atención a este grupo. Son productos sencillos, pero pueden bloquear un trabajo si faltan justo cuando los necesitamos.
Si además de electricidad realizamos instalaciones de climatización, nuestro almacén necesita algunas referencias extra.
No hace falta convertirlo en un gran depósito. Basta con asegurar los materiales que usamos con más frecuencia.
Los latiguillos y otros elementos de conexión suelen formar parte de muchas intervenciones.
Tener varias unidades disponibles nos permite responder a trabajos pequeños sin depender de una compra previa.
También conviene guardar algunos tramos de tubo multicapa o PEX, siempre en función del tipo de instalaciones que realizamos.
Junto a ellos podemos mantener:
Aquí el criterio debe ser el mismo: damos prioridad a las medidas que más usamos.
Las masillas selladoras también suelen tener una rotación alta en determinados trabajos.
Son fáciles de almacenar y ocupan poco espacio. Por eso, preferimos tener varias unidades disponibles antes que descubrir que falta una justo al terminar una instalación.
No existe una lista perfecta para todos los profesionales.
Un instalador que trabaja en vivienda tiene unas necesidades. Una empresa centrada en climatización tiene otras. Quien hace mantenimiento industrial necesitará referencias distintas.
Por eso, nosotros usamos cuatro criterios básicos.
Lo primero es identificar qué productos salen con más frecuencia.
Si cada semana utilizamos cable de 2,5 mm², cinta aislante o bornas, ese material debería tener un stock mínimo definido.
También conviene revisar qué tipo de avisos atendemos.
Si gran parte de nuestro trabajo son pequeñas reparaciones eléctricas, deberíamos priorizar piezas básicas y consumibles.
Si instalamos equipos de aire acondicionado, habrá que reservar espacio para conexiones, tubos y accesorios.
No todos los productos tardan lo mismo en llegar.
Una referencia que podemos conseguir en unas horas necesita menos stock. Si un material tarda varios días en reponerse, puede ser buena idea guardar alguna unidad extra.
No todo merece ocupar espacio en el almacén.
Podemos dividir nuestro inventario en dos grupos:
Así reducimos compras innecesarias y evitamos llenar el almacén con referencias que apenas usamos.
No recomendamos fijar cantidades al azar.
Lo más útil es establecer un stock mínimo para cada producto.
Por ejemplo, si solemos utilizar varias cajas de derivación por semana, podemos fijar una cantidad mínima y realizar el pedido cuando lleguemos a ese nivel.
Podemos aplicar la misma idea a cables, protecciones, bornas o cinta aislante.
El sistema es sencillo:
Con este método evitamos tanto la falta de material como el exceso de compras.
Para muchos instaladores, la furgoneta funciona como un pequeño almacén móvil.
Por eso, tiene sentido repartir el material entre el almacén principal y el vehículo.
En la furgoneta conviene llevar los productos que necesitamos en intervenciones habituales:
El almacén puede guardar las reservas y los productos con menor rotación.
Este reparto nos ayuda a trabajar con orden y a detectar antes qué referencias debemos reponer.
Hay varios fallos que solemos ver con frecuencia.
Acumular referencias que no usamos inmoviliza dinero y ocupa espacio.
Es mejor analizar el consumo y comprar con criterio.
Una cinta aislante o una caja pueden parecer detalles menores.
Cuando faltan en medio de un trabajo, dejan de serlo.
Si no sabemos qué tenemos, acabamos comprando dos veces algunas cosas y olvidando otras.
Una revisión periódica nos permite mantener el almacén bajo control.
Cableado habitual, magnetotérmicos, diferenciales, cajas, bornas, cinta aislante, bridas y tubo corrugado son algunos de los productos básicos que conviene tener disponibles.
Los que usamos con mayor frecuencia, los que necesitamos en reparaciones urgentes y aquellos con un plazo de reposición más largo.
Depende de nuestro volumen de trabajo. Lo ideal es calcular el consumo habitual y establecer un stock mínimo por referencia.
Sí. Recomendamos llevar una pequeña selección de material de alta rotación y dejar las reservas en el almacén.
Podemos revisar el consumo, clasificar los productos por rotación y comprar bajo pedido las referencias que usamos pocas veces.
Un buen stock de almacén debe facilitar nuestro trabajo, no complicarlo.
Por eso, preferimos centrarnos en material eléctrico de alta rotación, consumibles básicos y referencias que usamos en nuestro día a día como instaladores.
Cable, protecciones, cajas, bornas, cinta aislante o bridas pueden parecer productos sencillos. Tenerlos disponibles marca una gran diferencia cuando aparece una reparación urgente.
Si revisamos el consumo, fijamos mínimos y reponemos con orden, tendremos un almacén más útil y preparado para el trabajo real.