
Soluciones de iluminación exterior para polígonos, comunidades y accesos
Una buena iluminación exterior cambia por completo el uso de un espacio.
No hablamos de instalar más focos o de focos de más potencia. En un polígono industrial, una comunidad de propietarios o el acceso a una empresa, necesitamos que la luz esté donde y cuando haga falta.
La seguridad es uno de los primeros motivos para revisar una instalación. También entran en juego el consumo eléctrico, los costes de mantenimiento y la comodidad de quienes utilizan el espacio cada día.
Se trata de plantear la iluminación exterior partiendo del uso de cada zona. Un aparcamiento no tiene las mismas necesidades que un acceso peatonal. Tampoco tiene sentido iluminar durante toda la noche un área que apenas se utiliza.
Veamos qué debemos tener en cuenta.
Uno de los errores habituales consiste en asociar una zona bien iluminada con una instalación de mucha potencia.
No siempre funciona así.
Podemos tener un acceso con una gran cantidad de luz y, a pocos metros, encontrar una zona de sombra. También podemos colocar un foco potente y provocar deslumbramientos a los conductores.
Por eso, antes de hablar de luminarias, analizamos tres aspectos:
Cuando estos tres puntos están equilibrados, conseguimos una instalación más útil y controlamos mejor su coste.
Cruces, rampas, pasos peatonales, entradas a garajes y zonas de maniobra requieren una atención especial.
Una mala iluminación puede ocultar obstáculos, crear sombras o dificultar la identificación de una persona o un vehículo.
Nos interesa conseguir una iluminación uniforme y evitar cambios bruscos entre zonas muy iluminadas y áreas oscuras.
Una luminaria puede permanecer encendida miles de horas al año. En instalaciones grandes, pequeñas mejoras pueden tener un impacto relevante sobre el consumo total.
También debemos pensar en el mantenimiento. Cambiar una luminaria situada a varios metros de altura requiere tiempo, medios y, en algunos casos, maquinaria específica.
Por eso valoramos tanto el consumo como la vida útil y la facilidad de mantenimiento.
No todas las áreas exteriores cumplen la misma función. Dividir la instalación por zonas nos ayuda a determinar qué tipo de luz necesita cada espacio.
En un polígono debemos facilitar la circulación de vehículos, sin olvidarnos de prestar atención a cruces, aceras y accesos a las naves.
La distribución de las luminarias cobra aquí más importancia que instalar puntos de gran potencia.
Hay que evitar sombras profundas entre luminarias y prestar atención a las entradas y salidas con mayor tráfico.
En un aparcamiento necesitamos reconocer los recorridos peatonales, localizar vehículos y circular con seguridad.
También debemos controlar el deslumbramiento. Una luminaria mal orientada puede molestar a un conductor justo durante una maniobra.
Podemos combinar iluminación general con puntos de luz específicos en entradas, salidas, pasos peatonales o zonas próximas a sistemas de control de acceso.
Portales, caminos interiores, garajes, jardines comunitarios y zonas perimetrales tienen horarios y niveles de uso distintos.
No necesitamos mantener toda la instalación trabajando con la misma intensidad durante la noche.
Los sensores, la programación horaria y la división por circuitos permiten ajustar mejor el funcionamiento.
Los accesos concentran personas, vehículos y sistemas técnicos.
Podemos encontrar barreras, puertas automáticas, lectores, cámaras o videoporteros en pocos metros. Por eso conviene estudiar la iluminación junto al resto de equipos de seguridad y control de accesos.
Una iluminación mal orientada puede dificultar la visión de una cámara o crear reflejos en determinados puntos.
No existe una única luminaria válida para cualquier exterior.
Podemos trabajar con distintas soluciones según la superficie, la altura disponible y el tipo de actividad.
Los proyectores resultan útiles en patios, zonas de carga, aparcamientos y áreas de trabajo exteriores.
La orientación tiene un papel clave. Más potencia no corrige una mala colocación.
Son habituales en calles interiores, urbanizaciones, aparcamientos y polígonos.
Nos ayudan a repartir la luz a lo largo de un recorrido y a reducir los puntos oscuros entre zonas de paso.
En accesos peatonales, portales o caminos podemos utilizar soluciones más localizadas.
Las balizas ayudan a marcar recorridos. Los apliques permiten reforzar entradas y fachadas. En determinadas zonas, los sensores pueden activar la iluminación cuando detectan presencia.
Antes de aumentar la potencia de una instalación, conviene preguntarnos dónde necesitamos ver mejor.
Por eso revisamos factores como:
También debemos controlar el deslumbramiento.
No todas las zonas necesitan estar iluminadas con la misma intensidad durante toda la noche.
Aquí entran en juego los sistemas de control.
Son útiles en espacios con un uso intermitente.
Podemos mantener una zona apagada o con un nivel bajo de iluminación y aumentar la intensidad cuando detectamos movimiento.
Un sensor crepuscular permite activar la instalación según la luz ambiental.
La programación horaria añade otro nivel de control. Por ejemplo, podemos mantener determinadas zonas iluminadas durante las horas de mayor actividad y reducir el nivel durante la madrugada.
Cuando combinamos iluminación y automatización, podemos adaptar mejor el consumo al uso real del recinto.
La iluminación cobra especial importancia en los puntos de entrada y salida.
Aquí debemos pensar en la persona que accede a pie, el conductor que se acerca a una barrera y los equipos de seguridad instalados en la zona.
Necesitamos que el usuario identifique con facilidad los elementos con los que debe interactuar.
Lectores, teclados, porteros o barreras deben quedar visibles sin generar reflejos molestos.
La iluminación y la videovigilancia deben estudiarse juntas.
Colocar una fuente de luz frente a una cámara puede perjudicar la imagen. También puede ocurrir lo contrario: una zona poco iluminada puede reducir la información útil que obtenemos.
Por eso, cuando una instalación combina iluminación con videovigilancia, conviene revisar la posición de ambos sistemas como parte del mismo proyecto.
Muchos problemas aparecen por pequeños fallos de planificación.
Entre los más habituales encontramos:
Corregir estos puntos puede mejorar una instalación sin necesidad de multiplicar el número de luminarias.
Zona | Problema habitual | Solución recomendada |
Viales de polígonos | Zonas oscuras entre puntos de luz | Luminarias viales con una distribución uniforme |
Aparcamientos | Sombras entre vehículos y deslumbramientos | Iluminación general combinada con refuerzo en pasos y accesos |
Acceso a empresas | Mala visibilidad de barreras o lectores | Iluminación localizada y bien orientada |
Comunidades | Consumo elevado durante la madrugada | Programación horaria y sensores |
Caminos peatonales | Recorridos poco visibles | Balizas o luminarias de baja altura |
Zonas de carga | Falta de luz en áreas de trabajo | Proyectores LED orientados a la superficie de trabajo |
Perímetros | Muchas horas de funcionamiento | LED con regulación, programación o detección |
Zonas con cámaras | Reflejos o imágenes con poco detalle | Coordinación entre posición de cámaras y puntos de luz |
Cambiar luminarias antiguas por tecnología LED puede reducir el consumo y las necesidades de mantenimiento. Pero sustituir un equipo por otro sin revisar el conjunto de la instalación puede dejar los mismos problemas de siempre.
Antes de plantear una renovación, recomendamos revisar:
Con esta información podemos plantear una instalación adaptada al recinto.
En Maprise entendemos la iluminación exterior como una parte más de la infraestructura de una empresa, una comunidad o un polígono. Por eso creemos que merece la pena estudiar su relación con los accesos, los horarios y los sistemas de seguridad antes de decidir qué equipos instalar.
Dependerá de las zonas existentes. Los viales pueden requerir luminarias instaladas en altura, mientras que accesos, aparcamientos o zonas de carga pueden necesitar proyectores y puntos de luz específicos.
Podemos revisar las luminarias existentes, sustituir equipos poco eficientes y utilizar sensores o programación horaria. También conviene comprobar si existen zonas con más luz de la necesaria.
Depende del uso. En una zona de paso ocasional, los sensores pueden resultar muy útiles. Un acceso con movimiento constante puede necesitar iluminación permanente durante determinadas horas.
Sí. La posición y orientación de las luminarias pueden influir en la imagen obtenida por una cámara. Conviene estudiar ambos sistemas de forma conjunta para evitar reflejos, contraluces y puntos oscuros.