
Cuando tenemos que plantear la ventilación de un local o una nave, existe la tentación de empezar buscando extractores.
Y lo que te recomendamos es hacerlo justo al revés.
Primero calcular cuánto aire necesitamos mover. Después estudiar cómo será la instalación
Lo hacemos así porque un extractor puede ofrecer mucho caudal en catálogo y rendir por debajo de lo esperado una vez instalado. Los conductos, los codos, las rejillas o los filtros añaden resistencia al paso del aire.
Por eso, antes de comprar ningún equipo, necesitamos conocer tres cosas:
A partir de ahí, la elección es mucho más precisa.
El primer dato que necesitamos es sencillo: cuánto aire hay dentro del local o de la nave.
Para calcular el volumen usamos esta fórmula:
Volumen = largo × ancho × alto
Imaginemos un local de 10 metros de largo, 6 metros de ancho y 3 metros de altura.
El cálculo sería:
10 × 6 × 3 = 180 m³
Ese local contiene 180 m³ de aire.
Este dato es importante porque dos espacios con los mismos metros cuadrados pueden necesitar planteamientos distintos si cambia la altura.
Por ejemplo:
La superficie es la misma, pero el volumen se duplica.
Una vez conocemos el volumen, tenemos que decidir cuánto aire queremos renovar.
Para hacer una primera estimación podemos trabajar con renovaciones de aire por hora.
La fórmula es:
Caudal (m³/h) = volumen del recinto × renovaciones por hora
Sigamos con el ejemplo anterior.
Tenemos un local de 180 m³.
Si usamos, solo a modo didáctico, una referencia de 6 renovaciones por hora:
180 × 6 = 1.080 m³/h
Por tanto, necesitaríamos mover unos 1.080 m³/h.
Este cálculo ya nos da una primera cifra útil.
Eso sí, las renovaciones por hora no son un valor universal. Deben definirse según la actividad, la ocupación, los contaminantes y la normativa aplicable.
En nuestra experiencia calcular el caudal necesario antes de seleccionar el equipo evita muchas decisiones equivocadas.
No todos los locales ni todas las naves trabajan bajo las mismas condiciones.
Tenemos que valorar aspectos como:
Un pequeño almacén y un taller pueden tener el mismo volumen, pero sus necesidades serán distintas.
Aquí suele aparecer uno de los errores más habituales.
Tenemos un caudal calculado de 1.080 m³/h y encontramos un extractor cuyo caudal máximo es de 1.100 m³/h.
A primera vista parece suficiente.
Pero ese dato no nos cuenta toda la historia.
Si el extractor debe trabajar conectado a una red de conductos, el caudal real puede ser menor.
La instalación añade pérdidas de carga.
Entre los más habituales encontramos:
Cada uno añade resistencia.
Por eso el extractor debe seleccionarse teniendo en cuenta dos variables:
El punto donde ambas coinciden es el llamado punto de trabajo.
Y aquí está una de las claves de una buena selección: no debemos fijarnos solo en el caudal máximo del equipo.
Veamos ahora un caso más grande.
Supongamos una nave de:
El volumen sería:
30 × 20 × 6 = 3.600 m³
Si usamos como ejemplo 5 renovaciones de aire por hora:
3.600 × 5 = 18.000 m³/h
Ya estamos hablando de un caudal importante.
Aquí puede que un único extractor no sea la mejor opción.
Tendríamos que estudiar:
También tendríamos que valorar si interesa repartir el caudal entre varios equipos.
Por ejemplo, en lugar de un único extractor de gran capacidad, podría tener sentido distribuir la extracción entre varias zonas.
La decisión dependerá de la instalación real.
Una vez conocemos el caudal y las pérdidas de carga, podemos empezar a comparar tipos de extractores.
Los extractores axiales suelen utilizarse cuando necesitamos mover grandes cantidades de aire y la resistencia de la instalación es baja.
Son habituales en aplicaciones con recorridos sencillos y pocas pérdidas de presión.
Pueden resultar adecuados cuando:
Los extractores centrífugos suelen trabajar mejor cuando necesitamos vencer más resistencia.
Pueden tener sentido en instalaciones con:
Aquí no basta con preguntar cuántos metros cúbicos por hora mueve el equipo.
Tenemos que saber qué caudal entrega a la presión que necesitamos.
No sirve de mucho seleccionar bien el extractor si después colocamos una red de conductos mal dimensionada.
El diámetro o la sección condicionan la velocidad del aire.
La relación básica es:
Q = A × v
Donde:
Si intentamos transportar un caudal elevado por un conducto pequeño, la velocidad sube.
Y cuando la velocidad aumenta pueden aparecer dos problemas:
Por eso no elegimos el diámetro del conducto de forma aislada.
Tiene que guardar relación con el caudal.
Una instalación de ventilación no termina en el extractor.
Hay otros elementos que afectan al resultado.
Sirven para introducir, extraer o distribuir el aire.
Su ubicación importa.
Si colocamos mal las entradas y salidas podemos crear zonas con poca renovación o provocar recirculaciones.
Nuestro objetivo es conseguir que el aire recorra las zonas donde hace falta renovar el ambiente.
Los filtros pueden ser necesarios cuando queremos reducir la entrada o circulación de polvo y partículas.
Pero también añaden resistencia.
Eso significa que deben tenerse en cuenta al calcular la presión que tendrá que vencer el extractor.
Nos permiten ajustar caudales, equilibrar ramales o controlar el paso del aire.
En instalaciones con varios conductos pueden ser muy útiles.
También podemos incorporar:
No todas las instalaciones necesitan lo mismo.
La base del cálculo es parecida en ambos casos, pero el contexto cambia.
En un local solemos prestar mucha atención a:
En una nave industrial suelen pesar más factores como:
Por eso no tiene sentido utilizar el mismo criterio para todos los proyectos.
Si tuviéramos que resumir los fallos más frecuentes, serían estos:
Casi todos tienen el mismo origen: empezar por el producto antes de entender la instalación.
Nosotros preferimos seguir otro orden:
Tenemos que conocer el volumen del recinto y definir las necesidades de renovación en función de la actividad, la ocupación y las condiciones del espacio.
Una primera aproximación puede hacerse multiplicando el volumen por las renovaciones por hora.
No es lo ideal.
El caudal máximo suele indicarse bajo unas condiciones concretas. Cuando añadimos conductos, filtros, rejillas y codos, el rendimiento puede cambiar.
Por eso debemos revisar también la presión disponible.
La velocidad del aire aumenta.
Eso puede generar más ruido y aumentar las pérdidas de carga.
Depende de la instalación.
El axial suele encajar bien en sistemas con baja resistencia. El centrífugo puede ser más adecuado cuando hay conductos y necesitamos mayor presión.
La lógica de cálculo puede ser parecida, pero los criterios de diseño cambian.
Una nave puede tener más altura, mayor volumen, procesos industriales y contaminantes específicos.
La selección de los componentes de ventilación debería llegar después del cálculo.
Primero necesitamos conocer el volumen. Luego definimos el caudal. Después estudiamos la resistencia de la red.
Con esos datos podemos escoger el extractor y dimensionar los conductos con mucho más criterio.
En nuestra experiencia, ese orden evita buena parte de los errores.
Solo aclarar una cosa, cuando hablamos de extracción y renovación del aire deberíamos de hablar de EXTRACTOR y no VENTILADOR porque puede llevar a confusión, aunque realmente es lo mismo pero en sentido contrario.